Pedralba de la Pradería
Cuentan que al Ti Juan Barrio, famoso artesano de la localidad, un cliente le reclamó que la gaita que le había comprado "no sonaba bien". Juan, tras probarla con maestría, le devolvió el instrumento con una sentencia rotunda: "Te vendí la gaita, pero no las manos para tocarla". Esta anécdota define el carácter de un pueblo donde el oficio artesano siempre ha sido un arte.
Pedralba ha sido cuna de manos hábiles, maestras en el trabajo de la urz (brezo). Aunque este material robusto y resistente fue la base de su ebanistería tradicional, también sirvió para construir la gaita sanabresa, cuyo timbre evoca el chirrido de los antiguos carros de bueyes que antaño recorrían sus caminos.
El paisaje sonoro del pasado se completaba con el eco del martillo en las fraguas y el constante fluir del agua por las fuentes y caños. Muy cerca, en la ribera de la Acequia de las Ánimas, se levantan aún los molinos que molieron el grano durante generaciones.
Fue ya a principios del siglo XX cuando el pueblo añadió a su nombre "de la Pradería", un reconocimiento a los intensos pastos que siempre han definido su paisaje. Hoy, aunque el metal ya no golpea el yunque, el rumor del agua y el recuerdo del trabajo artesano siguen entrelazándose en Pedralba de la Pradería, recordando la esencia más pura de Sanabria.
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